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miércoles, 18 de marzo de 2020

Causas de la derrota de la insurrección de Reval en 1924

«¿Cuáles fueron las causas del fracaso de la Insurrección de Reval? Lo que acaba de ser expuesto acerca de los preparativos y el desarrollo de la insurrección demuestra que, en relación a la organización y a la táctica, los insurrectos cometieron una serie de errores de graves consecuencias. A grandes rasgos, las causas fueron las siguientes:

1) La dirección de la insurrección había sobrestimado el grado de desmoralización de las tropas de la guarnición así como la fuerza de la organización militar del Partido. Para llevar a cabo los objetivos que se proponían, las fuerzas eran manifiestamente insuficientes. Esto es indudable, incluso si la dirección hubiera logrado reunir a todos los hombres inscritos en la organización. La exageración del grado de desmoralización de las tropas consistía en el hecho de que, al enviar nueve hombres al tercer batallón del décimo regimiento, la dirección del Partido pensaba ganarse este batallón en su totalidad, y hacerle tomar parte activa en el derrocamiento del gobierno burgués. Sucedió lo mismo con el grupo de tanques y con el batallón de telegrafistas. Los soldados del tercer batallón, el batallón de telegrafistas y el grupo de tanques simpatizaban indudablemente con el Partido Comunista y eran hostiles a los oficiales y a todo el régimen burgués. Estas unidades hubieran ingresado en las filas de los insurgentes si hubiese habido dentro ellas un sólido núcleo de comunistas, o de la juventud comunista, o incluso un grupo de soldados revolucionarios que hubiesen recibido previamente instrucciones del Partido, o sea un núcleo capaz de resistir a la comandancia reaccionaria. Pero ese no era el caso. En lugar de dirigir toda la acción hacia la participación de los soldados y de los marinos en la insurrección, por unidades enteras o al menos por fracciones constituidas, en lugar de organizar una conveniente agitación política en el ejército, el Partido Comunista había separado a los soldados revolucionarios de sus unidades para unirlos a los grupos de obreros. Era un grave error. Era ingenuo pensar que el batallón del décimo regimiento, sin soldados comunistas, se pasaría activamente al campo de los insurrectos, siguiendo el llamado de nueve obreros desconocidos. Imaginemos la escena: las cinco y cuarto de la madrugada, todo está oscuro; el batallón está durmiendo; un grupito insignificante de hombres, desconocidos por todos, lo despierta y le asegura que la insurrección ha estallado, invitando al batallón a reunirse con los insurgentes. Los soldados no ven esta insurrección; las calles están vacías; no hay obreros. No sabían nada de los preparativos de la insurrección. ¿Qué actitud se podía esperar de ellos? Era de esperar que el batallón se mantuviera neutral hasta mayor Información. La mayoría de los soldados no sabían quién organizaba la revuelta: ¿los obreros o los fascistas? Si algo se podía esperar de este batallón –lo cual era probable, puesto que no tomó parte en la acción contra los obreros, y por ello fue parcialmente desarmado–, hubiera sido solamente en el caso de que un grupo más numeroso de obreros se hubiera presentado ante él, o de que hubiera habido, en el grupo, comunistas y soldados revolucionarios organizados.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

¡Democracia «para todos», no!


«Nosotros, camaradas, no podemos estar conformes con esa falsa concepción de la democracia que consiste en dejar a los enemigos del pueblo hacer lo que se les antoje. ¡Eso, no! Cuando la reacción y el fascismo estaban en el Poder, millares de los mejores camaradas nuestros estaban en las cárceles. Los periódicos obreros, y hasta algunos republicanos, suspendidos. ¿Acaso es democracia dejar que ellos, después de haber oprimido y ensangrentado al país, se paseen libremente por las calles? ¡No! Las celdas que ocuparon nuestros hermanos deben ser ocupadas ahora por los elementos reaccionarios, y hay que proceder con mano dura contra su prensa, que alienta el pistolerismo, que arma moral y materialmente el brazo de los que atentan contra la República.

Nosotros decimos que hay que acabar con esa falsa democracia, que deja organizarse a las fuerzas que más tarde han de luchar para estrangular a la República y a las libertades populares. (Aplausos)

Democracia sí, para nosotros, para los trabajadores, para el pueblo: pero no para los enemigos de los trabajadores y del pueblo. (Aplausos) No hay democracia para los verdugos de la democracia. Nada de tolerancia con los que bombardean a la República. ¡Amplias libertades para los trabajadores, para los obreros, y campesinos y para las fuerzas que han derramado su sangre por la República y por las libertades del pueblo!». (José Díaz; La lucha por la unidad en plena reacción; Discurso pronunciado en el Monumental Cinema de Madrid, el 2 de junio de 1935)

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jueves, 10 de octubre de 2019

«Si somos verdaderos revolucionarios, no debernos alardear de tales»...


«No se trata ya de discutir en la prensa ni en la tribuna, sino en los campos de batalla, dicen algunos republicanos. Cansado estoy de repetir que no creo que por las vías legales pueda llegarse a la República. Por el Parlamento no se llega aquí ni siquiera a un mal cambio de Gabinete. No hay posibilidad de llegar por estos caminos a mudanza alguna, ínterin los gobiernos, para conseguir el triunfo de sus candidatos, no vacilen en recurrir a la coacción y la violencia. ¿Quiere decir esto que hayamos de fiar a la sola fuerza de las armas el triunfo de la República? Si así es, ¿por qué escribimos periódicos? ¿Por qué celebramos reuniones públicas? ¿Por qué nos asociarnos públicamente y no vacilamos en hablar bajo el receloso oído de los delegados del Gobierno? ¿Por qué hemos acudido hoy a las urnas v acudían antes los correligionarios de muchas ciudades para conseguir cargos concejiles y diputaciones de provincia? Si de la sola fuerza debemos esperar el poder, están vetados para nosotros todos estos medios de propaganda.

Si somos verdaderos revolucionarios, no debernos alardear de tales ni en casinos, ni en clubs, ni en lugares públicos. Debemos preparar las revoluciones en lugares donde no nos oigan ni nos vean nuestros enemigos. ¿Qué significa estar constantemente con la revolución en los labios y no en las manos? ¿Qué significa amenazar siempre para no dar nunca, prometer lo que no se ha de cumplir, fascinar al pueblo con ilusiones que ha de ver mañana desvanecidas? ¿Es esto de hombres serios?, ¿es de hombres dignos?

Las revoluciones, las verdaderas revoluciones, las trae, más que la voluntad de los hombres, el curso de los acontecimientos. Lucharon los progresistas del año 1843 al 1854 y nunca vencieron. ¿Quién vino a facilitarles el triunfo? Uno de sus capitales enemigos, el general O’Donnell. Lucharon del año 56 al 68, y siempre fueron vencidos. ¿Quién les facilitó la victoria? Topete, que había sido ministro de Narváez; Serrano, que ya el año 44 los había abandonado. Y cuenta que del 1843 al 1854 habían tenido a su frente los progresistas un general como Espartero, que había forzado el puente de Luchana y puesto fin a una guerra en los campos de Vergara, y del 56 al 58 un general como Prim, que ejercía grande influencia en el ejército por sus legendarias proezas en las costas de África.

Pueden venir acontecimientos como los del año 54 y el año 68, y para cuando lleguen bueno es que viváis apercibidos; mas es impropio de hombres hacer en todo tiempo y sazón alarde de revolucionarios». (Francisco Pi y Margall; Discurso en el XVIII aniversario de la I República, 12 de febrero de 1891)

miércoles, 17 de julio de 2019

Lo que algunos «marxistas» olvidan del parlamentarismo y la revolución


«¿Y quiénes eligen el Parlamento? ¿Quiénes lo forman? La elección, ya sea por medio de un sistema restrictivo, ya por otro más amplio o por el sufragio universal, la verifican siempre los privilegiados. Como la libertad política, única que hoy cabe tener, no lleva aparejada la libertad económica, el obrero, libre politicamente para votar a quien le parezca, no lo es por la esclavitud que le impone el taller o la fábrica. La prueba de que aun con el sufragio universal las elecciones son hechas por los burgueses nos la suministran los países en que impera este sistema de elección tales como el nuestro, Francia, Suiza, Alemania y los Estados Unidos. Nosotros defendemos el sufragio universal por ser un excelente medio de agitación y propaganda para nuestras ideas; pero le negamos la virtud de poder por sí mismo emancipar a la clase proletaria. (...) Los trabajadores no deben olvidar nunca que su acción revolucionaria tiene por fin supremo arrebatar a la clase capitalista, con los instrumentos de trabajo, su propia existencia. Así como para que un hombre no sea esclavo de otro es de otro punto necesario transformar los medios de producción en propiedad común, en propiedad de todos, al revés precisamente de lo que acontece hoy, que son propiedad de algunos individuos o colectividades, así también para efectuar esa transformación, para obligar a la clase capitalista a que devuelva a la sociedad los instrumentos de trabajo que detenta, es imprescindible que la clase trabajadora, que todos los proletarios perfectamente organizados y dispuestos a liberarse del yugo que por tanto y tanto tiempo han venido sufriendo, se apoderen del poder político; esto es, lo arranquen de las manos de la burguesía y se hagan dueños de él. (...) La clase burguesa, por debilitada que se encuentre cuando el proletariado se halle en situación de abrir las puertas de la vida al nuevo organismo social, no renunciará de buen grado, no se desposeerá voluntariamente de sus preeminencias y monopolios. Sólo ante la fuerza se someterá, y sólo obligada por ella restituirá a los despojados lo que a éstos pertenece por todos conceptos. Es cierto que aspiramos a llevar representantes de nuestras ideas al municipio, a la diputación y al parlamento, pero jamás hemos creído, ni creemos que desde allí pueda destruirse el orden burgués y establecer el orden social que nosotros defendemos. ¿Cómo habíamos de caer en tal error, si precisamente el parlamentarismo es la institución por la cual la burguesía ha asegurado mejor su poderío y obtiene de los gobernantes lo que más conviene a sus intereses? No; no incurriremos en la candidez de creer que nuestras ideas puedan tener mayoría en los Parlamentos, en las Diputaciones ni en los Municipios; por el contrario, entendemos que será relativamente fácil hacer franquear las puertas de esos baluartes burgueses a algunos representantes de nuestras ideas, y al conseguirlo, no esperamos de sus esfuerzos ni de sus trabajos que hagan cambiar el rumbo de la nave burguesa, es decir, paralizar la explotación que ésta ejerce sobre la clase obrera. Si nosotros queremos que vayan a aquellos sitios diputados o concejales socialistas es porque allí, merced a sus proposiciones o sus proyectos de ley, además de poder arrancar alguna mejora para los trabajadores, hará que se manifieste el antagonismo de clase; que los Gobiernos burgueses se revelen tal cual son, guardadores y nada más que guardadores de los intereses capitalistas; que los distintos partidos de la burguesía, monárquicos y republicanos, no obstante sus diferencias políticas, se muestran unidos en contra de las reclamaciones obreras; que se vea, en fin, que mientras se hacen en tres días o una semana leyes provechosas a los intereses de la clase expoliadora, no se elabora ninguna o se elabora de mala gana e incompleta, al cabo de muchos años, alguna favorable a los proletarios. Queremos, sobre todo, enviar representantes socialistas al Parlamento, las Diputaciones y el Municipio para que se valgan de esas tribunas y agiten desde ellas, convirtiéndolas en foco de propaganda de nuestra doctrina, a la inmensa masa desheredada, con lo cual, si no conseguimos que el Parlamento burgués, obrando contra sus intereses, acepte nuestras ideas, lograremos que la clase trabajadora adquiera conciencia de sus intereses. Al mostrarnos, pues, partidarios de que vayan representantes socialistas al Parlamento o a los cuerpos administrativos, no entra en nuestros cálculos sacar de ellos la transformación de los instrumentos de trabajo en propiedad común; lo que intentamos con eso es contribuir desde allí a la formación del Ejército Revolucionario. (...) Y formado que sea ese ejército, preparadas que se hallen las huestes obreras, cualquier conflicto de los que necesariamente ha de producir el orden burgués: una guerra, una crisis económica, puede ponernos, en el caso de intentar la conquista del poder político, conquista que según se desprende de lo dicho al principio de estas líneas, solo podrá alcanzarse revolucionariamente, y nada más que revolucionariamente. Por tanto, el Partido Socialista Obrero no ha entendido ni entiende que el ir al Parlamento sea para conquistar el Poder político ni que esta conquista pueda ser pacífica». (Pablo Iglesías Posse; El programa socialista, 1886)

lunes, 18 de junio de 2018

La revolución socialista: El único camino del progreso social; Zija Xholi, 1977



«El VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1976, el histórico informe del camarada Enver Hoxha y todos sus otros documentos, constituyen un profundo análisis científico de principios –lleno de conclusiones revolucionarias– de las condiciones en las que se desarrollan la construcción del socialismo en nuestro país y el actual movimiento comunista y obrero del mundo en su conjunto. Una de estas conclusiones es la tesis de que «el mundo está en una etapa en que la cuestión de la revolución y la liberación nacional de los pueblos no es sólo una aspiración y una perspectiva, sino también un problema planteado que espera solución».

En sus trabajos teóricos, Marx y Engels hicieron un análisis de los mecanismos internos de la sociedad capitalista, ahondaron en sus secretos más profundos y descubrieron que el orden capitalista se mueve de manera irrevocable hacia su destrucción, que esta destrucción será la obra del proletariado que llevará a cabo la revolución socialista y establecerá su propia dictadura. El desarrollo de la historia ha confirmado plenamente esta conclusión de Marx. El capitalismo muy pronto reveló sus males incurables. Rápidamente se convirtió en un escenario de feroces batallas de clase por la revolución, por el establecimiento del poder estatal proletario.

Las nuevas características que el capitalismo adquirió con su transición al imperialismo hicieron aún más profundas todas las contradicciones internas irreconciliables del capitalismo, convirtieron al capitalismo en un sistema agonizante y en descomposición, en un orden que está en vísperas de la revolución. «El imperialismo, dijo Lenin, es la antesala de la revolución social del proletariado. A partir de 1917 esto ha sido confirmado a escala mundial».

El análisis del imperialismo de Lenin conserva toda su fuerza y validez, su previsión de que la revolución social del proletariado es la única alternativa se conserva inconmovible en la actualidad. Día a día, el mundo del capital y la burguesía trae malas noticias, muchos signos abiertos o indirectos, que hablan de la creciente gravedad de todas las contradicciones básicas del imperialismo: entre los todopoderosos monopolios y las masas trabajadoras, entre el imperialismo y los pueblos oprimidos, y entre los propios imperialistas. Ellos dan testimonio de la profundización de la crisis general que se ha apoderado de todos los aspectos de la sociedad burguesa-revisionista, ya sean económicos y políticos o ideológicos y culturales, de toda su base y superestructura.

El cierre y la quiebra de cientos de miles de fábricas y plantas en todos los países capitalistas sin excepción y, sobre esta base, el creciente desempleo crónico de millones y millones de trabajadores –más de 100 millones en la actualidad–; el aumento del costo de vida, que aumenta no sólo cada año sino cada mes y cada día; la anarquía de la producción, que adquiere cada vez mayores proporciones; la crisis monetaria y cambiaria, en la que todo el sistema de pagos e intercambios empieza a tambalearse; muestran con mayor claridad que el sistema capitalista basado en el poder absoluto de los insaciables monopolios es incapaz de administrar las fuerzas productivas de la sociedad, que las destruye en masa, privando a la sociedad de cualquier posibilidad de desarrollo. El sistema capitalista sigue siendo lo que siempre ha sido, un sistema de explotación del hombre por el hombre, un sistema de enorme miseria y pobreza, un sistema que cobra millones y millones de vidas. Por su propia existencia, el imperialismo convierte al proletariado en una fuerza de oposición, le empuja inevitablemente hacia la revolución, no le deja otro camino de salvación que no sea levantarse contra el sistema y establecer mediante la violencia su propia dictadura, la dictadura del proletariado.

La otra contradicción típica del capitalismo, también, la contradicción entre las potencias imperialistas por el reparto y el nuevo reparto del mundo, se ha vuelto más feroz que nunca. Hoy en día, estas superpotencias, el imperialismo norteamericano y el socialimperialismo soviético, se enfrentan entre sí con un salvajismo sin precedentes. Con su política de expansión y hegemonía, su frenética carrera armamentista para equiparse con las armas más poderosas, se han convertido en un peligro permanente, una amenaza cotidiana a la libertad y a la seguridad de muchos pueblos, grandes y pequeños, distantes o cercanos, en todos los continentes. Mientras existan, ningún imperialismo puede renunciar a su tendencia agresiva. La agresión es la naturaleza misma del imperialismo. Con la presión que ejercen sobre los pueblos, con las conspiraciones que urden cada día contra su libertad e independencia, con la nueva guerra mundial que están preparando activamente, el imperialismo norteamericano y el socialimperialismo soviético se han convertido en los principales enemigos de los pueblos. En estas circunstancias, los pueblos no tienen otra alternativa que lanzarse a la lucha de liberación, el proletariado no tiene más remedio que levantarse en una revolución violenta y establecer su poder estatal. El triunfo sobre la burguesía de su propio país es también la condición principal para que el proletariado pueda hacer frente a la amenaza planteada por las dos superpotencias. La burguesía de los distintos países está vinculada de una manera u otra con tal o cual superpotencia. Esto hace que sea absolutamente necesario que el proletariado, que avanza hacia la revolución, mientras lucha contra su propia burguesía, no deba olvidar el peligro proveniente de las superpotencias; y mientras lucha contra la amenaza planteada por las superpotencias, no debe olvidar a su propia burguesía que le oprime y explota. La lucha contra su propia burguesía y la lucha contra la amenaza de las superpotencias no constituyen dos problemas distintos, sino dos aspectos de un mismo problema, que sólo la revolución del proletariado y su poder estatal puede resolver de una vez por todas.

lunes, 12 de marzo de 2018

Un verdadero revolucionario no es el que demuestra valor en cuando todo va bien


«Un verdadero revolucionario no es el que demuestra valor en el período del alzamiento victorioso, sino el que sabe cómo luchar no sólo en el momento del avance victorioso sino también en el período de retroceso de la revolución; el que demuestra valor en el período de la derrota del proletariado, el que no pierde la cabeza, el que no abandona el camino cuando la revolución sufre una derrota y el enemigo registra éxitos; el que no es dominado por el pánico, ni cae en la desesperación en el período de retroceso de la revolución». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; ¿Trotskismo o leninismo?; Discurso en el Pleno del grupo comunista del Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos, 19 de noviembre de 1924)

martes, 30 de enero de 2018

La necesidad de entender los flujos y reflujos del movimiento y la táctica


«La táctica consiste en determinar la línea de conducta del proletariado durante un período relativamente corto de flujo o de reflujo del movimiento, de ascenso o de descenso de la revolución; la táctica es la lucha por la aplicación de esta línea de conducta mediante la sustitución de las viejas formas de lucha y de organización por formas nuevas, de las viejas consignas por consignas nuevas, mediante la combinación de estas formas, etc., etc. Mientras el fin de la estrategia es ganar la guerra, supongamos, contra el zarismo o contra la burguesía, llevar a término la lucha contra el zarismo o contra la burguesía, la táctica persigue objetivos menos esenciales, pues no se propone ganar la guerra tomada en su conjunto, sino tal o cual batalla, tal o cual combate, llevar a cabo con éxito esta o aquella campaña, esta o aquella acción, en correspondencia con la situación concreta del período dado de ascenso o descenso de la revolución. La táctica es una parte de la estrategia, a la que está supeditada, a la que sirve.

La táctica cambia con arreglo a los flujos y reflujos. Mientras que durante la primera etapa de la revolución –de 1903 a febrero de 1917– el plan estratégico permaneció invariable, la táctica se modificó varias veces. En 1903-1905, la táctica del partido fue una táctica ofensiva, pues se trataba de un período de flujo de la revolución; el movimiento iba en ascenso, y la táctica debía partir de este hecho. En consonancia con ello, las formas de lucha eran también revolucionarias y correspondían a las exigencias del flujo de la revolución. Huelgas políticas locales, manifestaciones políticas, huelga política general, boicot de la Duma, insurrección, consignas revolucionarias combativas; tales fueron las formas de lucha que se sucedieron durante este período. En relación con las formas de lucha, cambiaron también, en este período, las formas de organización. Comités de fábrica, comités revolucionarios de campesinos, comités de huelga, Soviets de Diputados Obreros, el partido obrero más o menos legal: tales fueron las formas de organización durante este período.

En el período de 1907-1912, el partido se vio obligado a pasar a la táctica de repliegue, pues asistíamos a un descenso del movimiento revolucionario, a un reflujo de la revolución, y la táctica no podía por menos de tener en cuenta este hecho. En consonancia con ello, cambiaron tanto las formas de lucha como las de organización. En vez del boicot de la Duma, participación en ella; en vez de acciones revolucionarias abiertas fuera de la Duma, acciones dentro de la Duma y labor en ella; en vez de huelgas generales políticas, huelgas económicas parciales, o simplemente calma. Se comprende que el partido hubo de pasar en este período a la clandestinidad; las organizaciones revolucionarias de masas fueron sustituidas por organizaciones culturales y educativas, por cooperativas, mutualidades y otras organizaciones de tipo legal.

Otro tanto puede decirse de la segunda y la tercera etapa de la revolución, en el transcurso de las cuales la táctica cambió decenas de veces, mientras los planes estratégicos permanecían invariables.

La táctica se ocupa de las formas de lucha y de organización del proletariado, de los cambios y de la combinación de dichas formas. Partiendo de una etapa dada de la revolución, la táctica puede cambiar repetidas veces, con arreglo a los flujos y reflujos, al ascenso o al descenso de la revolución». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Los fundamentos del leninismo, 1924)

domingo, 19 de febrero de 2017

Sobre las condiciones objetivas y subjetivas de la revolución


«La conquista del poder por el proletariado presupone la existencia de una situación revolucionaria, pero no toda situación revolucionaria conduce a la revolución. Esta situación se da cuando a la clase dominante le es imposible su dominio sin cambios, cuando no puede dominar, mantener el poder y gobernar como antaño, cuando la pobreza y la miseria de las clases oprimidas empeora más allá de la medida ordinaria por lo que se ven obligados a actuar de forma independiente. Sin estos cambios objetivos, que son independientes de la voluntad no sólo de los grupos individuales y partidos, sino incluso de las clases individuales, una revolución es –por lo general– imposible.

La conquista del poder por el proletariado puede tener lugar de una manera u otra: por ejemplo, como un proceso continuo en el desarrollo de las acciones de masas, demostraciones, huelgas generales, que se unen finalmente a la rebelión armada contra el poder estatal de la burguesía ya sea por un corto tiempo o en un periodo de guerra popular prolongado. Se puede, a partir de una guerra partidista, desarrollar una guerra de guerrillas en el campo y en la ciudad contra el poder del Estado burgués en concatenación con el despliegue de luchas más grandes a través de la insurrección armada general para derrocar a la burguesía. Se puede desarrollar a partir de una guerra imperialista injusta, la respuesta del proletariado con la justa la guerra revolucionaria.

Pero en todos los casos: la clase obrera y su partido comunista deben prepararse en lo político, ideológico, organizativo y militar para la revolución. Sólo de esta manera sucederá que cuando una situación revolucionaria haya madurado, no se pierda la oportunidad para lograr la victoria. De lo contrario, la oportunidad para la revolución, incluso si existe una situación revolucionaria acabará perdiéndose.

El estallido de la revolución y su victoria no sólo requiere de la existencia de una situación revolucionaria objetiva, sino también de la conciencia revolucionaria de las masas, el factor subjetivo, la preparación de las fuerzas subjetivamente revolucionarias y sus acciones. En todas las luchas de la clase obrera y las masas trabajadoras, el partido comunista debe trabajar para proporcionar estas condiciones subjetivas para la victoria de la revolución proletaria.

El proletariado debe operar bajo el liderazgo de su partido revolucionario y preparar su armamento, y todos los aspectos de entrenamiento militar, con el fin de crear las condiciones militares para suprimir la resistencia militar de la burguesía que está armada hasta los dientes. Todos los pasos de la preparación y dirección de la lucha armada tienen que ser guiados por la política proletaria, cuyo representante es el partido marxista-leninista. Sin estas condiciones, la lucha armada nunca será consecuentemente revolucionaria. Sino ella –como la historia demuestra– tarde o temprano degenera o termina con una senda derrota». (Ernst Aust; Programa del Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista; Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, 1978)

martes, 8 de noviembre de 2016

El factor externo es un auxiliar para la revolución, el factor interno el determinante y decisivo


«Lenin puntualiza que la revolución es obra del pueblo de cada país, que no puede ser exportada. Esto no significa que los marxista-leninistas, dondequiera que militen, no se sientan solidarios, mutuamente ligados por los sentimientos más puros del internacionalismo proletario y no contribuyan a la lucha del proletariado y de los pueblos de los otros países por su liberación. Por el contrario, todos los comunistas, los proletarios, todas las fuerzas revolucionarias de los diversos países tienen la obligación de ayudar a la revolución en cada país en particular y en todo el mundo con su propaganda, agitación, ayuda material, ejemplo de determinación y abnegación, y ateniéndose fielmente al marxismo-leninismo. Como es natural, el que esta ayuda sea bien aprovechada depende, ante todo, del nivel de preparación del proletariado y de su partido, del nivel de desarrollo de la lucha revolucionaria en uno u otro país.

Marx y Engels en el «Manifiesto del Partido Comunista» de 1848 demuestran que los intereses del proletariado y del pueblo de un país son inseparables de los intereses del proletariado y de los pueblos de todo el mundo.

La revolución, como enseña Lenin y como la vida ha confirmado, triunfa en cada país en particular. Por eso, esta victoria depende, ante todo, de la clase obrera de cada país y de su partido revolucionario, depende de su capacidad para aplicar, de acuerdo con las condiciones concretas, las enseñanzas de Marx, Engels, Lenin y Stalin sobre la revolución». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

miércoles, 29 de junio de 2016

La diferencia entre la revolución proletaria y la revolución burguesa


«La diferencia entre la revolución proletaria y la revolución burguesa podría resumirse en cinco puntos fundamentales:

1) La revolución burguesa comienza, generalmente, ante la presencia de formas más o menos plasmadas de economía capitalista, formas que han surgido y madurado en el seno de la sociedad feudal ya antes de la revolución manifiesta; mientras que la revolución proletaria comienza con la ausencia total o casi total de formas plasmadas de economía socialista.

2) La tarea fundamental de la revolución burguesa se reduce a conquistar el Poder y ponerlo en consonancia con la economía burguesa existente; mientras que la tarea fundamental de la revolución proletaria consiste en construir, una vez conquistado el Poder, una economía nueva, la economía socialista.

3) La revolución burguesa termina, generalmente, con la conquista del Poder; mientras que para la revolución proletaria la conquista del Poder no es más que el comienzo, con la particularidad de que en este caso el Poder se utiliza como palanca para transformar la vieja economía y organizar la nueva.

4) La revolución burguesa se limita a sustituir en el Poder a un grupo de explotadores por otro grupo de explotadores, razón por la cual no necesita destruir la vieja máquina del Estado; mientras que la revolución proletaria arroja del Poder a todos los grupos explotadores, sin excepción, y coloca en él al jefe de todos los trabajadores y explotados, a la clase de los proletarios, razón por la cual no puede dejar de destruir la vieja máquina del Estado y sustituirla por otra nueva.

5) La revolución burguesa no puede agrupar en torno a la burguesía, por un período más o menos largo, a los millones de hombres de las masas trabajadoras y explotadas, precisamente porque se trata de trabajadores y explotados; mientras que la revolución proletaria puede y debe unirlos al proletariado en una alianza duradera, precisamente por tratarse de trabajadores y explotados, si es que quiere cumplir su tarea fundamental de consolidar el Poder del proletariado y construir una nueva economía, la economía socialista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Cuestiones del leninismo, 25 de enero de 1926)

martes, 21 de junio de 2016

Los tres aspectos fundamentales de la dictadura del proletariado


«De aquí los tres aspectos fundamentales de la dictadura del proletariado:

1) Utilización del Poder del proletariado para aplastar a los explotadores, para defender el país, para consolidar los lazos con los proletarios de los demás países, para desarrollar y hacer triunfar la revolución en todos los países.

2) Utilización del Poder del proletariado para apartar definitivamente de la burguesía a las masas trabajadoras y explotadas, para consolidar la alianza entre el proletariado y estas masas, para hacer participar a estas masas en la edificación socialista, para asegurar al proletariado la dirección estatal de estas masas.

3) Utilización del Poder del proletariado para organizar el socialismo, para suprimir las clases, para pasar a una sociedad sin clases, a la sociedad socialista.

La dictadura proletaria es la suma de estos tres aspectos. Ni uno solo de estos aspectos puede considerarse como el único rasgo característico de la dictadura del proletariado; y a la in versa, basta con que falte aunque sólo sea uno de ellos, para que, existiendo el cerco capitalista, la dictadura del proletariado deje de ser dictadura. Por eso, no se puede prescindir de ninguno de estos tres aspectos sin correr el riesgo de tergiversar la idea de la dictadura del proletariado. Solamente estos tres aspectos, juntos, nos dan una idea completa y acabada de la dictadura del proletariado.

La dictadura del proletariado tiene sus períodos, sus formas especiales, sus diversos métodos de trabajo. Durante el período de la guerra civil, salta sobre todo a la vista el lado de violencia de la dictadura. Pero de aquí no se desprende, ni mucho menos, que durante el periodo de la guerra civil no se efectúe ninguna labor constructiva. Sin una labor constructiva es imposible sostener la guerra civil. Por el contrario, durante el período de edificación del socialismo, salta sobre todo a la vista la labor pacifica, organizadora y cultural de la dictadura, la legalidad revolucionaria, etc. Pero de aquí no se desprende tampoco, ni mucho menos, que el lado de violencia de la dictadura haya desaparecido o pueda desaparecer durante el período de edificación. Los órganos de represión, el ejército y otros organismos, siguen siendo tan necesarios ahora, en el período de edificación, como lo fueron en el período de la guerra civil. Sin estos organismos no se puede asegurar, por poco que sea, la labor constructiva de la dictadura. No debe olvidarse que hasta ahora la revolución no ha triunfado más que en un solo país. No debe olvidarse que, mientras exista el cerco capitalista, subsistirá el peligro de intervención, con todas las consecuencias derivadas de este peligro». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Cuestiones del leninismo, 25 de enero de 1926)

lunes, 16 de noviembre de 2015

Mensaje de Enver Hoxha para aquellos que se contentan con su régimen nacional burgués


«Los comunistas de estos países deben estar familiarizados con las condiciones concretas y realizar una evaluación justa de la definición de sus estratégicas y tácticas a seguir. El marxismo-leninismo enseña que un gobierno burgués o pequeño burgués no puede ser revolucionario y consecuente y por tanto, abandona la revolución a mitad de camino. Es por ello que, si los comunistas de estos países están satisfechos y se quedan de brazos cruzados pensando que no es necesario hacer la revolución, que el proletariado no debe establecer su poder y su propia dictadura, porque el gobierno burgués en el poder es más o menos progresista, debe decirse que esto desde luego no son las ideas marxista-leninistas». (Enver Hoxha; La «ayuda» revisionista trae la cadena de la esclavitud, 11 de mayo de 1964)

viernes, 26 de junio de 2015

El camino al éxito para el proletariado pasa por desligarse de las ilusiones parlamentarias y pacifistas de toma de poder


«La revolución burguesa únicamente significó la liberación política de un sistema previamente formado y económicamente dominado por las relaciones de producción que fue transferido a un poder en manos de otra clase explotadora.

Por el contrario, la revolución proletaria es una intervención violenta del proletariado en la estructura de la propiedad de la sociedad burguesa, que pasa a la expropiación de las clases explotadoras y la transferencia del poder en manos de la clase que se ha fijado la tarea de transformar radicalmente la base económica de la sociedad y abolir cualquier explotación del hombre por el hombre.

La conquista del poder por el proletariado no es una «conquista pacífica» de la maquina del Estado burgués, ni el logro de una mayoría parlamentaria. La burguesía utiliza todos los métodos de violencia y terror con el fin de asegurar y fortalecer sus bienes y su dominación política. Como ya sucedió con la nobleza feudal, la burguesía no pudo apartarla sin más, ya que una clase no abandona su lugar en la historia sin una resistencia desesperada y feroz. Por lo tanto el poder de la burguesía solo se puede romper por la aplicación rigurosa de la violencia revolucionaria armada del proletariado. La toma de poder es la destrucción violenta del poder burgués, que rompe la maquinaria capitalista de su Estado –el ejército, la policía, la jerarquía burocrática, los tribunales, y los parlamentos burgueses– y se sustituye por los nuevos órganos de poder proletariado, que son unas herramientas especialmente necesarias para reprimir a los explotadores y defender el socialismo. Todos los revisionistas modernos u otras fuerzas reformistas han instigado intentos de «vías pacíficas al socialismo» y han fracasado por completo y estos intentos tuvieron que ser pagados por indescriptibles ríos de sangre». (Ernst Aust; Programa del Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista; Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, 1978)

lunes, 1 de junio de 2015

Sin una clase obrera fuerte y organizada bajo su partido comunista, el gran capital nacional o extranjero siempre manipulara las protestas, revueltas, insurrecciones y revoluciones populares para desmontarlas o que claudiquen a su favor

Una manifestación frente a un edificio gubernamental en Teherán (Irán) el 4 de noviembre de 1978

«En diversos países capitalistas subdesarrollados hoy los pueblos están en levantamientos, en insurrección y revolución. Esto lo vemos en Irán, Nicaragua, América Central, en la lucha de los palestinos contra los estadounidenses y los israelíes, y en cierta medida, lo vemos en la aún desorganizada resistencia de los países árabes contra las superpotencias, que manipulan esta resistencia en sus propios intereses. Vemos los movimientos populares y levantamientos también en África también. Pero aunque los pueblos de esos países se están levantando, luchando y haciendo sacrificios, los elementos de la burguesía, unidos con el gran capital, siguen haciendo todo lo posible a través de numerosos trucos e intrigas para sofocar la insurrección, o convertirla en un movimiento en su favor, y en ese caso, tal movimiento sólo sirve para eliminar tal o cual camarilla de la escena política con el fin de llevar al poder a otra camarilla más moderada pero igualmente capitalista que opera de acuerdo con el gran capital monopolista. Esto sucede, por supuesto, debido a la falta de claridad política y la falta de organización de la clase obrera. Así, la ira y el odio de esta clase, su sufrimiento político-económico y la de los campesinos pobres son explotados en favor de la burguesía». (Enver Hoxha; El movimiento marxista-leninista y la crisis mundial del capitalismo, agosto de 1979)

martes, 24 de marzo de 2015

Recordando las condiciones objetivas y subjetivas para una revolución


«
El marxismo-leninismo nos enseña, y la experiencia de todas las revoluciones ha confirmado que, para que estalle y triunfe la revolución, deben existir los factores objetivos y subjetivos.

Lenin ha formulado esta enseñanza en su obra La bancarrota de la II Internacional y la ha desarrollado posteriormente en: «La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo» de 1920 y otros escritos.

Considerando la situación revolucionaria como el factor objetivo de la revolución, Lenin la caracteriza de este modo:

«1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener su dominio en forma «inmutable» debido a la profunda crisis que ha afectado a estas clases, crisis que provoca el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución ordinariamente no basta que «los de abajo no quieran vivir» como antes, sino que hace falta también que «los de arriba no puedan vivir» como hasta entonces. 2) Una agravación fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas. 3) Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de «paz» se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los de arriba, a una acción histórica independiente. Sin estos cambios objetivos, no sólo independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos, sino también de la voluntad de las diferentes clases, la revolución es, por regla general, imposible. El conjunto de estos cambios objetivos es precisamente lo que se denomina situación revolucionaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La bancarrota de la II Internacional, 1916)

Puntualiza:

«En otros términos, esta verdad se expresa del modo siguiente: la revolución es imposible sin una crisis nacional general –que afecte a explotados y explotadores–». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

«Pero no toda situación revolucionaria da lugar a la revolución», dice Lenin. En muchos casos, indica, las situaciones revolucionarias, como las de 1860-1870 en Alemania, 1859-1861 y 1879-1880 en Rusia, no se han transformado en revoluciones, porque no ha existido el factor subjetivo, es decir, una elevada conciencia por parte de las masas, su disposición para hacer la revolución:

«La capacidad de la clase revolucionaria de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficientemente fuertes para romper –o quebrantar– el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en las épocas de crisis, «caerá», sino se le hace caer». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La bancarrota de la II Internacional, 1916)

Como ha escrito Lenin ya en sus primeras obras, el partido revolucionario de la clase obrera, su función de dirección, educación y movilización de las masas revolucionarias, desempeñan un papel determinante en la preparación del factor subjetivo. El partido logra esto tanto elaborando una correcta línea política, que responda a las condiciones concretas, a los deseos y a las exigencias revolucionarias de las masas, como realizando un trabajo muy grande y acciones revolucionarias frecuentes y bien estudiadas en el plano político, que hagan tomar conciencia al proletariado y a las masas trabajadoras de la situación en que viven, de la opresión, la explotación y las bárbaras leyes de la burguesía, de la necesidad de hacer la revolución, como el medio para derrocar al régimen esclavizador.

De este modo las capas pobres reaccionarán con tal intensidad que a los ricos, a la burguesía en el poder, conmocionados también por las otras contradicciones internas y externas, les será difícil seguir dominando como antes. Cuándo estos requisitos se cumplen, cuando existen los factores objetivos y subjetivos, los cuales están entrelazados, entonces no sólo puede estallar la revolución, sino también triunfar.

En todo momento, los revolucionarios reflexionan hondamente sobre estas geniales tesis de Lenin y no sólo reflexiona, sino que además analizan las situaciones de modo concreto y en todos sus aspectos. Actúan con la vista puesta en no dejarse sorprender jamás por las situaciones revolucionarias, de forma que no se encuentren desarmados en esos momentos decisivos, sino que sepan aprovecharlas con la finalidad de preparar el estallido de la revolución». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

lunes, 16 de febrero de 2015

Lo que los partidos marxista-leninistas deben comprender sobre la lucha «legal» e ilegal


«Los partidos marxista-leninistas son partidos de la revolución. En oposición a las teorías y las prácticas de los partidos revisionistas, que se han hundido de pies a cabeza en el legalismo burgués y en el «cretinismo parlamentario», no reducen su lucha al trabajo meramente legal ni tampoco ven éste como su actividad principal. En el marco de los esfuerzos por dominar todas las formas de la lucha, dedican particular importancia a la combinación del trabajo legal con el ilegal, dando primacía a este último, por ser decisivo para el derrocamiento de la burguesía y por ser una verdadera garantía para alcanzar la victoria. Educan y enseñan a sus cuadros, a sus militantes y a sus simpatizantes para que sepan obrar con inteligencia, habilidad y valentía tanto en condiciones legales como ilegales. Pero también cuando actúan en las condiciones de la profunda clandestinidad, esforzándose por no exponer sus fuerzas ante el enemigo y proteger la organización revolucionaria de sus golpes, los partidos marxista-leninistas no se encierran en sí mismos, no debilitan ni rompen sus lazos con las masas, en ningún momento cesan su actividad viva entre las masas ni dejan de aprovechar en favor de la causa de la revolución todas las posibilidades legales que permiten las condiciones y circunstancias.

El partido marxista-leninista, despojado de cualquier ilusión acerca de la toma del poder a través de la vía parlamentaria, puede juzgar y considerar oportuno participar, en algunos casos particulares y favorables, también en actividades legales, como las elecciones municipales, parlamentarias, etc., con el único objetivo de propagar su línea entre las masas y desenmascarar el régimen político burgués. Pero el partido no convierte esta participación en línea general de su lucha, como hacen los revisionistas, no convierte estas formas en principales o, lo que es peor, en únicas formas de lucha.

A la hora de explotar las posibilidades legales, el partido busca, encuentra y utiliza formas y métodos de carácter revolucionario, desde los más simples hasta los más complejos, sin medir sacrificios, haciendo esfuerzos para que estas formas y métodos sean lo más populares, lo más accesibles a las masas. En su actividad, los marxista-leninistas, no se preocupan en absoluto de que, con sus acciones revolucionarias, pisotean y violan la constitución, las leyes, las reglas, las normas, el régimen burgués. Luchan para minar este régimen, para preparar la revolución. Por eso, el partido marxista-leninista se prepara y prepara a las masas para hacer frente a los golpes, que la burguesía puede dar en respuesta a las acciones revolucionarias del proletariado y de las masas populares
». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

miércoles, 21 de enero de 2015

La teoría y práctica de la revolución; Enver Hoxha, 1977

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«En la definición de la época actual y de la estrategia revolucionaria, los marxista-leninistas siempre han partido del análisis de las grandes contradicciones sociales que caracterizan dicha época. ¿Cuáles son estas contradicciones? Después del triunfo de la revolución socialista en Rusia, Lenin y Stalin se refirieron a cuatro de estas contradicciones:

–la contradicción entre dos sistemas opuestos –el socialista y el capitalista–;

–la contradicción entre el trabajo y el capital en los países capitalistas;

–la contradicción entre los pueblos y naciones oprimidas y el imperialismo;

–las contradicciones entre las potencias imperialistas.

Son estas contradicciones las que constituyen la base objetiva del desarrollo de los movimientos revolucionarios actuales, los que, en su totalidad, forman el gran proceso de la revolución mundial en nuestra época. Todo el actual desarrollo mundial confirma que, desde los tiempos de Lenin, estas, contradicciones, lejos de atenuarse y desaparecer, se han agudizado y son más evidentes que nunca. Por lo tanto el conocimiento y la aceptación de estas contradicciones constituyen la base para definir una estrategia revolucionaria acertada.

Por el contrario, negar y ocultar estas contradicciones, ignorar una u otra y deformar su verdadero contenido, como hacen los revisionistas y los oportunistas de toda especie, causa confusión y desorientación en el movimiento revolucionario y constituye la base para estructurar y predicar una estrategia y unas tácticas erróneas, pseudorevolucionarias». (Enver Hoxha; La teoría y la práctica de la revolución, 7 de julio de 1977) 


Introducción de «Bitácora (M-L)»

El siguiente artículo publicado en el periódico albanés «Zëri i Popullit» el 7 de julio de 1977. Fue un artículo de Enver Hoxha que se publicó de modo anónimo, aunque era de su propiedad, como lo reflejan a posteriori algunas publicaciones albanesas del mismo artículo. En la publicación de esta obra clásica de los marxista-leninistas albaneses contra las teorizaciones de todos los revisionistas y en especial de los revisionistas chinos, tenemos que hacer un inciso y detenernos en tres cuestiones: 1) El contexto de la publicación, la repercusión del artículo; 2) que era la teoría de los tres mundos desde una óptica marxista-leninista y 3) como se expone en el artículo y en qué orden y forma esta teoría y otras. Comencemos:

1) Esta era el contexto y la intención de su autor para su publicación:

La publicación de esta obra coincide con un periodo en que los marxistas-leninistas albaneses estaban extrayendo las últimas conclusiones respecto al revisionismo chino y su naturaleza real. El Comité Central del Partido del Trabajo de Albania enviaría sucesivas cartas al Comité Central del Partido Comunista de China: como la de 1962 –sobre el concepto oportunista de formar un frente antiimperialista con el revisionismo soviético–, la de 1964 –advirtiendo el error de presentar reivindicaciones territoriales en la lucha ideológica contra el revisionismo soviética–, la de 1971 –sobre la reconciliación del revisionismo chino con el imperialismo estadounidense– o la de 1978 –haciendo un resumen del desarrollo de las divergencias sino-albanesas y exponiendo los sabotajes económicos chinos desde inicio de los 70 a causa de la no aceptación de la política exterior china–. En todas estas cartas se ve como de modo camaraderil los albaneses van desbrozando el camino oportunista que los chinos estaban tomando, pero los revisionistas chinos jamás respondieron a las cartas y las críticas, y conforme a ello, y la continuación de políticas oportunistas, los marxista-leninistas fueron sacando conclusiones.

Enver Hoxha había precedido esta obra con otros documentos: el «Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania» del 1 de noviembre de 1971 –donde se atacaba la visión china sobre el imperialismo estadounidense–; el «Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania» del 1 de noviembre de 1976 –donde se oponían a la visión china de la teoría de los «tres mundos» y la desviación de tomar a los países del «tercer mundo» como «fuerza motriz de la época» y otros conceptos pequeño burgueses–. Pese a la poca información que los albaneses podían obtener sobre la situación interna china –ya que los revisionistas chinos tenían su mejor baza en el desconocimiento para el resto de marxista-leninistas de sus congresos, documentos, obras de sus figuras y demás–, existen varias críticas de los albaneses no sólo a las posturas chinas en el ámbito internacional, sino también de cara al ámbito interno de China. Muestra de ello es que en los años 60 a la llamada «Revolución Cultural» china, se le dedicaron fuertes críticas como muestra el informe de Enver Hoxha: «Algunas opiniones previas sobre la «revolución cultural proletaria» china», del Tomo IV de sus Obras Escogidas; esta obra consta precisamente de un informe de Enver Hoxha presentado ante el XVIIIº Pleno del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania el 14 de octubre de 1966 para estudiar y poner de preaviso al partido de los errores en la línea china y tomar precauciones para no cometer los mismos errores que los revisionistas chinos. Finalmente la publicación en 1977 del Tomo V de obras de Mao Zedong, ayudaría en gran medida a clarificar para los albaneses el porqué de las posiciones de los chinos durante los últimos años, y entender que estos errores no eran coyunturales, producto del difícil contexto, de un proceso de aprendizaje o de simple desconocimiento, sino que eran posiciones arraigadas en un pensamiento que claramente revisaba todos y cada uno de los axiomas del marxismo-leninismo y tenía unas raíces claramente incompatibles con el marxismo-leninismo. Precisamente gran parte de la evolución de las críticas de los marxista-leninistas albaneses a los revisionistas chinos, quedaría registrado en la obra de Enver Hoxha: «El imperialismo y la revolución» de 1978 donde tiene un capítulo entero para exponer al teoría de los «tres mundos». Por otro lado la obra: «Reflexiones sobre China», publicada en 1979, obra de dos Tomos que contienen reflexiones del albanés: el primero sobre 1962-1972 y el segundo sobre 1972-1977 expondría toda la evolución de la política interna y externa china, incluida también la teoría de los «tres mundos». Estas reflexiones respecto a China, incluían tanto posiciones de la dirigencia china de cara al interior como al exterior, y aunque se nota el carácter casual, en caliente e «informal» de muchos de los análisis, debe ser considerado como una de las mayores fuentes para estudiar el revisionismo chino durante esos años.

Enver Hoxha diría el mismo día de la publicación del artículo: «La teoría y la práctica de la revolución»:

«Creo que nuestro artículo «La teoría y la práctica de la revolución», que ha aparecido hoy en el periódico «Zëri i Popullit», producirá un gran impacto entre los marxista-leninistas del extranjero, pero también entre los pensadores burgueses progresistas, mientras que, sin lugar a dudas, los chinos y sus apéndices, contra los cuales, de hecho, está dirigido el artículo, se enfurecerán. Era necesario, incluso muy necesario e indispensable, que preparásemos y publicásemos este artículo, porque los revisionistas chinos estaban forzando la dosis, estaban intensificando su lucha contra el marxismo-leninismo y en particular contra el Partido del Trabajo de Albania. Como ya he dicho otras veces, esta lucha es llevada a cabo con disimulo, de manera astuta, hipócrita y no está en absoluto basada en los principios. Los chinos no se han tomado la más mínima molestia para defender sus tesis, porque de hecho sus nefastas tesis sobre la revolución son indefendibles, debido a que la división del mundo en tres y el encuadramiento de China en el «tercer mundo» no es más que una tentativa de estrangular la revolución proletaria y someter al proletariado al yugo de la burguesía capitalista de los países industrializados y del imperialismo estadounidense». (Enver Hoxha; Un artículo que desenmascara una gran intriga a costa de los pueblos; Reflexiones sobre China: Tomo II, 7 de julio de 1977)

Para fechas anteriores a que el propio Mao Zedong falleciera –en septiembre de 1976–, a esas alturas los albaneses no veían a la teoría de los «tres mundos» como una desviación casual más, ni como un error puntual o pasajero de Mao Zedong y sucesores, sino que demostraba la traición y daño que con sus ideas sus seguidores hacían a la revolución y los pueblos:

«La tesis de que «el tercer mundo es la fuerza más grande y más poderosa que lleva adelante la revolución», así como las que la acompañan, son tesis antimarxistas. (...) ¿Pero qué Estados forman parte del «tercer mundo»? Hasta hoy no se ha elaborado ninguna «lista», y seguramente es imposible hacerlo. Mao Zedong y sus adeptos sólo dicen que se trata de los Estados que no forman parte ni del «primer» ni del «segundo mundo». Determinan fácilmente el «primer mundo», formado por los Estados Unidos de América y la Unión Soviética; el «segundo mundo» está constituido por los «Estados desarrollados», pero sin embargo no se dice ni una sola palabra acerca de cuáles son estos Estados y por qué son definidos de esta manera; el resto es el «tercer mundo». ¡¡Esta división, desprovista de todo fundamento teórico, científico y de clase, parece ridícula!! Y en realidad lo es. (...) Mao Zedong formula de manera antimarxista la tesis del «tercer mundo» e integra a China en él para dominarlo. ¡Olvida que las camarillas de los shah, los reyes y los generales fascistas, que las camarillas de los jeques, los emires y de todas las castas dominantes de la India, Afganistán, Pakistán, etc., que oprimen ferozmente a los pueblos, están estrechamente ligadas a las potencias imperialistas y socialimperialistas! Si China ignora estos estrechos lazos, su objetivo y su desarrollo, sus dirigentes son antimarxistas. Y de hecho lo son. ¡¿Cómo es posible que los marxista-leninistas confundan a los países y a los pueblos que aspiran a liberarse del yugo del capital nacional e internacional, con las camarillas capitalistas que los dominan y los oprimen?! ¡¿Cómo es posible esperar ver a los pueblos liberarse y marchar hacia la revolución, si no se hace una distinción entre los oprimidos y los explotados por un lado, y los opresores y los explotadores, por el otro, y si no se impulsa a los primeros a combatir a los segundos?! Precisamente Mao Zedong, con su teoría de los «tres mundos», no sólo no hace esta distinción, sino que combate por suprimir, por extinguir, la lucha de clases en el plano nacional e internacional. La China de Mao Zedong, partiendo de posiciones anti-leninistas, incita a la guerra contra la Unión Soviética y busca atenuar la lucha contra los Estados Unidos. Esta política es completamente antimarxista, instiga la guerra imperialista mundial en lugar de debilitarla y neutralizarla, ya que son los pueblos quienes tienen que soportar todos los males y todos los sufrimientos, ya que son ellos quienes derraman su sangre. China instiga las guerras de rapiña y frena las guerras justas, revolucionarias». (Enver Hoxha; La teoría del «tercer mundo» ignora la lucha de clases; Reflexiones sobre China: Tomo II, 26 de enero de 1976)

Sino que la veían como una desviación antimarxista que confirmaba todo el carácter revisionista del «Pensamiento Mao Zedong», una teoría que servía como arma para escindir y desviar al movimiento comunista marxista-leninista como ya habían hecho otros revisionismos como el soviético con otras teorías sobre la situación internacional como fue en su día la polémica sobre la «coexistencia pacífica» al estilo jruschovista de los revisionistas soviéticos; razones todas justas por las que se clamaba por desenmascarar a esta variante de revisionismo sin contemplaciones ni piedad:

«El «Pensamiento Mao Zedong» es contrarrevolucionario, esquirol, ha asumido la tarea de escindir el movimiento revolucionario marxista-leninista que apareció y se consolidó en la lucha contra el moderno revisionismo jruschovista y los otros partidos revisionistas, y trabaja activamente por conseguirlo. Las divergencias entre los jruschovistas y los maoístas no son de principios; ambas corrientes son antimarxistas, revisionistas. Las divergencias que tienen su raíz en estos puntos de vista, se basan en las rivalidades entre dos grandes potencias imperialistas, una formada y la otra en ascenso. De la misma forma que desenmascaramos a los revisionistas jruschovistas, debemos desenmascarar a los maoístas». (Enver Hoxha; La teoría del «tercer mundo» ignora la lucha de clases; Reflexiones sobre China: Tomo II, 26 de enero de 1976)

Es consecuencia, el objetivo del artículo no es otro que como dice Enver Hoxha que desenmascarar las «teorías» entonces tan de moda sobre la división de los países y sus contradicciones, eso incluía tanto a teoría de los «tres mundos» y otras teorías de aquellos días propagadas por diversos gobernantes e ideólogos pro imperialistas. Unas teorías, que recordemos, algunas de ellas que de hecho aún persisten en el discurso actual de los dirigentes de algunos países y siguen causando un por tanto gran daño a los pueblos como es el caso de la teoría de los países «no alineados» institucionalizada en la agrupación de países del Movimiento de los Países No Alineados. 

Pero por encima de todo, como se ve en el artículo, los albaneses resaltaban las ganas de confrontar las teorizaciones de los oportunistas chinos y el ataque que  la dirigencia china estaban haciendo a sus espaldas de cara a otros nuevos partidos de los 70, atacando la línea marxista-leninista del VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de diciembre de 1976:

«El Partido Comunista de China ha abierto una sucia polémica a espaldas de nuestro partido, sin plantear con antelación las divergencias y las contradicciones que tiene con él. Habiendo preparado un documento estándar, invita a Pekín a los representantes de todos los partidos marxista-leninistas que puede y les expone sus tesis. Este material, en general, está elaborado contra la línea marxista-leninista de nuestro partido y en particular contra su VIIº Congreso de 1976. (...) China, a pesar de que está «por las relaciones bilaterales y por las conversaciones a este mismo nivel», teme confrontar sus ideas con nosotros. China «acepta» las conversaciones bilaterales, siempre y cuando le sirvan para informarse y luego, allí donde se le presenta la ocasión da directrices a los demás». (Enver Hoxha; Los revisionistas chinos atacan por la espalda al Partido del Trabajo de Albania; Reflexiones sobre China: Tomo II, 8 de enero de 1977)

La tímida respuesta oficial china a las tesis internacionales de los albaneses fue la publicación de un artículo:

«Hace dos o tres días que los chinos, seguramente para atacar nuestra justa tesis ideológica y política contra el «tercer mundo» planteada en el VIIº Congreso de 1976, publicaron un largo artículo, supuestamente teórico, dividido en capítulos. El mencionado artículo, no sólo no es teórico en absoluto, sino que además, por la forma de plantear el problema, es erróneo. El objetivo de este escrito es evidente: «demostrar» que la división del mundo en «tres» es una «invención genial de Mao Zedong». (Enver Hoxha; La dirección china se desliza cada vez más hacia el abismo; Reflexiones sobre China: Tomo II, 5 de enero de 1977)

Además de una nota anónima mandada a los albaneses donde se denunciaba la línea albanesa. El reciente enojo de la dirección china encabezada entonces por Hua Kuo-feng venía porque en el VIIº Congreso de 1976 se proclamaba la lucha contra las dos superpotencias por igual, tanto contra la OTAN y el Mercado Común Europeo como contra el Pacto de Varsovia y el CAME, tesis que iban en contra de la teoría de los «tres mundos», a la cual también se atacaba directamente en dicho congreso:

«Nos acusan de que no hacemos, supuestamente «un análisis marxista-leninista de la situación internacional y de las contradicciones existentes entre las dos superpotencias»; y que por eso, no seguimos el camino de los chinos de llamar a la «Europa Unida», al Mercado Común Europeo». (Enver Hoxha; Los revisionistas chinos atacan por la espalda al Partido del Trabajo de Albania; Reflexiones sobre China: Tomo II, 8 de enero de 1977)

Es decir se atacó a Albania y su línea porque efectivamente las tesis del VIIº Congreso de 1976 estaban en contradicción con la política exterior pro estadounidense de China y encontró un gran respaldo de los marxista-leninistas de todos los rincones del mundo:

«Se celebró el VIIº Congreso de nuestro partido de 1976, en el que participaron más de 40 partidos enviando sus delegaciones o mensajes de respaldo. Es seguro que los chinos consideraron esta solidaridad internacionalista como un desafío y un fracaso para ellos, porque muchas cosas iban en contra de sus tesis. Nuestra actitud de principios hizo que aumentase la autoridad del Partido del Trabajo de Albania en el movimiento comunista internacional y en el mundo». (Enver Hoxha; Los revisionistas chinos atacan por la espalda al Partido del Trabajo de Albania; Reflexiones sobre Chin: Tomo II, 8 de enero de 1977)

Pero esto no era nada nuevo en la línea albanesa, no era nuevo ir a contracorriente de los chinos y sus posiciones, por ejemplo en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1971, y sus tesis sobre que el imperialismo estadounidense no era una «superpotencia venida a menos», ni que «había cambiado su carácter», ni que «deseaba el status quo de la situación mundial»,  y que por tanto lejos de «combatir en primer lugar al socialimperialismo soviético» como decían los chinos, los albanés lo contraponían a que había que combatir por igual a las dos superpotencias, lo que entraban en contradicción con las teorías y sobre todos prácticas de la dirigencia china que desde hace tiempo se había reconciliando con el imperialismo estadounidense y llevaba apoyando a todo partido o régimen estadounidense desde inicios de los 70. Precisamente la dirección china de inicios de los 70 de Mao Zedong y Chou En-lai en aquel entonces no atacó de ninguna forma la línea de los albaneses, se contentó con no mandar una delegación al VIº Congreso del PTA de 1971 y dedicarle una simple felicitación en nombre del Comité Central del partido Comunista de China –guardándose de publicar en sus periódicos las tesis centrales sobre el imperialismo estadounidense del congreso albanés–. Enver Hoxha veía clara la diferencia entre una y otra dirigencia china: mientras Mao Zedong y Chou En-lai nunca se atrevieron a responder ni atacaron las tesis albanesas las cuales estaban en franca oposición a las suyas –como quedaron expuestas en las cartas y delegaciones sino-albanesas, como en los propios plenos y congresos albaneses–, la nueva dirección encabezada por Hua Kuo-feng, en cambio, cometió la estúpida osadía de iniciar una polémica que de antemano tenía perdida:

«Hicimos nuestro VIIº Congreso de 1976 y el Partido del Trabajo de Albania expresó sus puntos de vista tal como pensaba, en tanto que la dirección china se picó y cometió el trágico error de atacar a nuestro Congreso de manera condenable, en oposición a las normas que regulan las relaciones entre los partidos marxista-leninistas. Mientras Mao Zedong y Chou En-lai estuvieron en vida, tuvimos contradicciones internas, pero ellos rehusaron discutirlas, o sea, que se mantuvieron en sus opiniones, y nosotros, al no tener otra posibilidad, nos mantuvimos en las nuestras. Se trataba, por su parte, de una táctica oportunista, pero en aquel entonces los dirigentes chinos no cometieron el error antimarxista que han cometido ahora». (Enver Hoxha; Los revisionistas chinos atacan por la espalda al Partido del Trabajo de Albania; Reflexiones sobre Chin: Tomo II, 8 de enero de 1977)

Las razones de esta «precipitación» de Hua Kuo-feng en iniciar los ataques directos e indirectos tan sonados contra la línea albanesa, sólo pueden explicarse en su inexperiencia como estadista, no calculando las consecuencias políticas de iniciar una táctica ofensiva intentado contraponer las tesis independientes que desde hace años los albaneses venían realizando, y que a diferencia de la línea china, evidenciaban una línea recta y constante tanto en política interior como exterior, mientras la línea china fue conocida en su tiempo por sus cambios de opiniones y la subida y bajada de diferentes grupos fraccionalistas en su partido, no dejándole credibilidad alguna ante la opinión mundial ni los pueblos. Era absurda una nueva actitud realmente enigmática y realmente perjudicial para los propios intereses de los líderes revisionistas y como decimos se diferenciaba de sus predecesores como Mao Zedong y Chou En-lai, que siempre mantuvieron una táctica la defensiva ignorando las críticas que los albaneses les presentaban sobre temas de política interior o exterior, limitándose en caso no estar de acuerdo a contestar sus críticas o bien manifestar también su descontento a base de sabotajes y presiones económicas o declarando que no mandarían representantes a los congresos albaneses o rehuyendo la reunión con delegaciones albaneses para tratar las divergencias, a lo máximo atacando por medio de terceros, pero jamás respondiendo de frente ni presentando una contracrítica en primera persona. La otra razón posible para esta nueva maniobra china en la forma de tratar las tesis de los albaneses, es que Hua Kuo-feng pudo pensar que explotando la polémica en ese momento contra los albaneses y llevándola hasta la ruptura ideológica oficial, todavía pudiera retener de su parte a varios partidos que no habían sido puestos al tanto de la polémica sino-albanesa y la larga historia que tenía ella a sus espaldas desde los 60. Para mala suerte de Hua Kuo-feng y compañía, los albaneses a partir de entonces no tendrían piedad en destapar todo el bagaje oportunista histórico de los chinos tanto con ellos como con todo el movimiento comunista internacional, tanto el oportunismo pasado como el presente: como quedaría reflejado en la carta del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania al Comité del Partido Comunista de China de 1978 y otros documentos donde se hacían un repaso histórico del oportunismo chino. 

Enver Hoxha registró cuales podían ser las posibles reacciones que los medios de comunicación de los revisionistas chinos, sus seguidores y simpatizantes a nivel mundial, así como todos los medios pros estadounidenses que se beneficiaban de la «teoría de los tres mundos»:

«Existe la posibilidad de que este artículo sea puesto de relieve por la prensa y las radios burguesas, pero también es posible que se tienda un cerco de silencio en torno a él. Existen ambas posibilidades. Naturalmente, los que desean defender a China a fin de que ella continúe con sus mentiras y se meta profundamente bajo su dependencia, lo silenciarán; mientras que los otros, los más realistas, que desaprueban esta vía de China, hablarán de él». (Enver Hoxha; Un artículo que desenmascara una gran intriga a costa de los pueblos; Reflexiones sobre China: Tomo II, 7 de julio de 1977)

Así fueron las diferentes reacciones al famoso artículo en China:

«Ha pasado casi un mes desde que se publicó nuestro artículo «La teoría y la práctica de la revolución» y su eco continúa siendo muy grande. Ahora no sólo es difundido por todas las agencias de prensa del mundo y comentado en diversos medios, sino que se habla bastante de él en los grandes periódicos mundiales, y los comentarios nos son favorables. China calla, o mejor dicho Ye Chien-ying, en un discurso que pronunció con motivo del aniversario de la fundación del ejército chino, declaró únicamente que China sostendrá al «tercer mundo». De inmediato la agencia Tanjug consideró esto como una «réplica enérgica» a nuestro artículo. ¿Por qué? Porque lo ha dicho Ye Chien-ying». (Enver Hoxha; El eco de nuestro artículo: «La teoría y la práctica de la revolución»; Reflexiones sobre China: Tomo II, 3 de agosto de 1977)

Y en los partidos pseudomarxista-leninistas afines a China:

«Entretanto los pretendidos partidos comunistas marxista-leninistas, apéndices de China, se continúa observando diferentes actitudes respecto a nuestro artículo del 7 de julio. Algunos de ellos lo ignoran por completo en su prensa. El artículo, naturalmente, no lo han publicado, pero además no hacen ningún comentario, salvo que los miembros de estos partidos hablan, aquí y allá, utilizando varios argumentos infundados, tomados de prestado de los chinos De esta manera, en lugar de defenderse se desenmascaran. Esta es la actitud de una parte de estos partidos. El resto defiende abiertamente las tesis chinas. Así, por ejemplo, un partido maoísta griego [se refiere al Movimiento Comunista Revolucionario de Grecia - Anotación de Bitácora (M-L)], que en otra ocasión ya he remarcado que es revisionista, ha hecho un amplio comentario en un artículo, pero utilizando esos mismos «argumentos» infundados. Su artículo defiende a China, defiende a Hua Kuo-feng, defiende a Deng Xiaoping, etc., e indirectamente ataca nuestro artículo. Lo mismo ha hecho, si no me equivoco, un «hongo» e que apareció últimamente, organizado por los chinos. Idéntica actitud han mantenido uno o dos partidos más. El partido pro chino de Bélgica [El Partido de los Trabajadores de Bélgica de Ludo Martens] y otros partidos de la misma naturaleza han enviado mensajes de felicitación al Comité Central del Partido Comunista de China por esa «gran perla» que ha sido la reunión del Pleno del Comité Central del Partido, en el que, entre otras cosas, Hua Kuo-feng ha sido proclamado presidente y Deng Xiaoping vicepresidente. En estos mensajes evocan y exaltan la política interior y exterior de China, y el «tercer mundo». Otros partidos, que son muy vacilantes y oportunistas, permanecen sentados en dos sillas: guardan silencio, no hablan ni a favor ni en contra de nuestro artículo, y al mismo tiempo han cesado, por el momento, de tener una actitud abiertamente pro china». (Enver Hoxha; El eco de nuestro artículo: «La teoría y la práctica de la revolución»; Reflexiones sobre China: Tomo II, 3 de agosto de 1977)

Lo que ponía la confirmación final que una vez más que los gobernantes chinos como venía siendo habitual a lo largo de sus relaciones con Albania, bien podían ignorar las críticas, contestarlas a través de terceros, «contestar »por medio de presiones y sabotajes económicos o atreverse a tratar contestar con pseudoargumentos cargados de sentimentalismo como hacían últimamente con Hua Kuo-feng, pero jamás mantener un debate serio ni justificar teóricamente la teoría de los «tres mundos» bajo argumentos teóricos suyos o de los clásicos del marxismo-leninismo, lo que evidenciaba lo lejos que estaba China y su dirigentes de tener alguna posibilidad de triunfar ideológicamente en la pugna con Albania y su dirigencia, experimentada ya en mil debates contra revisionistas de todo pelaje.

2) Es muy importante entender que significó la contrarrevolucionaria teoría de los «tres mundos» en el desarrollo del siglo XX si se quiere comprender la alianza estratégica entre China y los Estados Unidos, el apoyo de China a la Comunidad Económica Europea –actual Unión Europea–, la OTAN, los partidos y Estados revisionistas, los regímenes pro estadounidenses de África, Asía y América, etc. desde la época de Mao Zedong. Hay que recordar que el fin de esta teoría de los «tres mundos» era el de satisfacer la estrategia de convertir a China en una superpotencia, todo eso suponía inevitablemente la ampliación de China y sus relaciones exteriores. En este caso se pretendía lograr tal fin hegemonista apoyando al bloque imperialista abanderado por los Estados Unidos contra el bloque imperialista abanderado por la Unión Soviética revisionista –bajo la excusa de «aprovechar las contradicciones interimperialistas»–, no por otra razón se intentaba desde el lado chino atraer a los países del bloque estadounidense y a los países del bloque revisionista soviético –países del «segundo mundo» según esta teoría–, más los heterogéneos países del «tercer mundo» para conformar un frente común antisoviético:

«Ahora con esta línea, avanza la detente y las relaciones con el imperialismo estadounidense y los otros países capitalistas. (...) También en lo que respecta a los partidos revisionistas, el Partido Comunista de China está cambiando de estrategia y de tácticas para agrupar a los partidos revisionistas que tienen contradicciones con los soviéticos, al igual que hará esfuerzos por ganarse al «tercer mundo». La línea china, montada y establecida de común acuerdo con Ceaușescu y Carrillo, confirma una vez más, nuestros puntos de vista y previsiones. China avanza rápida y gradualmente hacia su conversión en una gran potencia revisionista». (Enver Hoxha; Los chinos luchan por arrebatar a los soviéticos la hegemonía en el campo revisionista; Reflexiones sobre China: Volumen II, 25 de febrero de 1972)

Es por ello por ejemplo, que la teoría de los «tres mundos» era saludada por la teoría de los países «no alineados» desde Yugoslavia, y la teoría de los países «no alineados» era saludada por la teoría de los «tres mundos» desde China y recomendadas desde ambos estadios a los demás países, se promocionaban la una a la otra porque ambas reportaban un beneficio reciproco en su estrategia internacional de alianza con el bloque estadounidense.

Hay que poner sobre la mesa otro punto importantísimo: cuando los revisionistas chinos y coreanos decían que ¡los países del tercer mundo son «la fuerza motriz de la revolución mundial»!, lo afirmaban sin analizar las tareas de los procesos revolucionarios en dichos países –que bien podían ser simples revoluciones anticoloniales–, ni el carácter de quién lideraba dichos movimientos –que muchas veces provenían de la burguesía nacional o de la pequeña burguesía–, ni la dependencia que tenían esos gobiernos frente a los imperialismos –que la mayoría de veces dependían económicamente de las viejas metrópolis imperialistas o de las superpotencias, incluso cambiando de bando de una a otra–, sin contar a los regímenes claramente fascistas que también se incluían en el saco de países del «tercer mundo» por su carácter pro estadounidense. Enver Hoxha se tomó la libertad de explicar al proletariado mundial los peligros de esta desviación tercermundista:

Primero; dicha teoría niega la hegemonía del proletariado tanto en la revolución antifeudal, antiimperialista, anticolonial, antifascista, como en la revolución socialista:

«Mientras que los revisionistas chinos, oponiéndose a esta tesis de Lenin, se afanan en presentar el «tercer mundo» como la «gran fuerza motriz que hace avanzar la rueda de la historia». Declarar semejante cosa significa dar en la teoría y en la práctica una definición errónea de la fuerza motriz. ¿Cómo es posible que en la época de la actual evolución social, en la época que tiene en su centro a la clase más revolucionaria, el proletariado, se califique de fuerza motriz a una agrupación de Estados dominados en su abrumadora mayoría por la burguesía y los feudales, incluso por reaccionarios y fascistas declarados? Se trata de una burda deformación de la teoría de Marx. (...) La tesis sobre el papel hegemónico del campesinado en la revolución ha sido preconizada por Mao Zedong también como la vía de la revolución mundial. De aquí parte la concepción antimarxista que considera el llamado tercer mundo, que en la literatura política china se denomina entre otras cosas el «campo mundial», como «la fuerza motriz principal para la transformación de la sociedad contemporánea». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Segundo; Dicha teoría ignora la composición social de estos países y el carácter de clase de sus gobernantes:

«La dirección china no tiene presente que en el «tercer mundo» hay oprimidos y opresores, que existen el proletariado y el campesinado esclavizado, pobre y mísero, por un lado, y los capitalistas y los terratenientes, que explotan y esquilman al pueblo, por el otro. Pasar por alto esta situación de clase en el llamado tercer mundo, pasar por alto los antagonismos existentes, significa revisar el marxismo-leninismo y defender el capitalismo. En general, en los países del llamado tercer mundo es la burguesía capitalista quien está en el poder. Esta burguesía explota al país, explota y oprime al pueblo pobre en interés de su propia clase, para asegurarse los mayores beneficios posibles y mantenerlo continuamente en la esclavitud y la miseria». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

3) Tercero; teoría ignora la dependencia hacia los imperialismos de los gobiernos de estos países:

«La burguesía, que es quien detenta el poder en estos países, protege precisamente esa sociedad capitalista que el proletariado, en alianza con las capas pobres del campo y de la ciudad, busca derrotar. Constituye esa clase alta que, en aras de sus mezquinos intereses, está dispuesta, en cualquier momento y ante cualquier contingencia, a entregar al capitalismo extranjero las riquezas del país, del suelo y del subsuelo, a endeudar la libertad, la independencia y la soberanía de la patria. Esta clase, allí donde está en el poder, se opone a la lucha y a las aspiraciones del proletariado y de sus aliados, las clases y las capas oprimidas. Muchos de los Estados, que la dirección china engloba en el «tercer mundo», no están en contra del imperialismo norteamericano y del socialimperialismo soviético. Calificar estos Estados de «fuerza motriz principal de la revolución y de la lucha contra el imperialismo», como predica Mao Zedong, es un error tan grande como el Himalaya. (...) La mayoría de los Estados, que supuestamente forman el «tercer mundo» o el «mundo no alineado», dependen del capital financiero extranjero, que es tan fuerte, tan vasto, que ejerce un peso decisivo en toda la vida de los mismos. Estos Estados no gozan de una independencia plena, por el contrario, dependen de ese gran capital financiero que es quien hace una política y difunde una ideología que justifica la explotación de los pueblos». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Por esta razón los marxista-leninistas albaneses concluyeron con toda razón que apoyar este tipo de teorías como la teoría de los «tres mundos» era poco menos que criminal para la lucha de clases a nivel internacional.

3) Profundizando en el contenido de la obra y como está ordenado debemos exponer:

En el primer capítulo se hace un repaso de la etapa en la que se encuentra la humanidad para finales de los años 70, que no es otra que el imperialismo, última fase del capitalismo, la cual tiene como desembocadura la revolución proletaria para todos los países –sabiendo que algunos de ellos tienen que resolver antes tareas antiimperialistas, anticoloniales, antifascistas, antifeudales, etc.–, siendo tal destino ineludible para todos. Se plasmó igualmente –acorde a la época– la misión histórica del proletariado como clase social debe liderar este proceso que conduzca a la conquista del poder político y a la –resolución de las tareas pendientes seguido de la– edificación económica y cultural que sustituya el viejo sistema capitalista en su estructura y superestructura. También se deja claro que de las diferentes contradicciones de la época –pugna entre sistema capitalista y socialista, entre trabajo y capital en los países capitalistas, países oprimidos y sus opresores y contradicciones en el seno de los países imperialistas–, y el hecho de borrar alguna de ellas, o basar los análisis sólo en una de ella, daría lugar a que los partidos marxista-leninistas establecieran futuras estrategias erradas, unilaterales, sesgadas. 

Estas contradicciones que expone el marxismo-leninismo, entender y respetar su carácter objetivo, será determinante para comprender en el segundo capítulo de la obra, para saber el porqué las diferentes teorías burguesas y pequeño burguesas antes citadas –como la teoría de los «tres mundos» o la teoría de los países «no alineados»– son falsas, ya que precisamente borran estos axiomas básicos del marxismo-leninismo, no se atienden a ellas o se basan solamente en una de ellas. Es por ello que el Partido del Trabajo de Albania declaraba:

«Una correcta comprensión de la naturaleza y el contenido de nuestra época y de sus fuerzas motrices, constituye una condición básica para cada partido marxista-leninista a la hora de elaborar la correcta línea política ideológica, así como sus estrategias y tácticas revolucionarias». (Nexhmije Hoxha; Algunas cuestiones fundamentales de la política revolucionaria el Partido del Trabajo de Albania sobre el desarrollo de la lucha de clases,  27 de junio de 1977)

En el segundo y tercer capítulo se profundiza en sí sobre todo en la teoría de los  «tres mundos», y los puntos flacos que de ella sobresalen y que acabamos de ver en la presente introducción, por lo que no añadiremos más.

Notas

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